viernes, septiembre 29, 2006

Spamcop y Knujon: atacan y reducen el spam de tu correo.

Supongamos que tu cuenta de correo recibe entre 40 y 100 mensajes basura diarios. A esas alturas mucho de ese spam se cuela a tu bandeja de entrada. ¿Qué hacer? La primera alternativa que utiliza todo el mundo son los filtros. Lamentablemente los filtros son como las aspirinas. Camuflan los síntomas, pero no atacan la enfermedad. Por lo tanto, con el tiempo la cuenta se va a volver a llenar de spam. ¿Y entonces? Ah… he aquí donde llegamos a dos servicios sumamente útiles y fáciles de usar: SpamCop y Knujon. Ellos lanzan sus dardos directamente a la enfermedad, tal y como si fueran verdaderos tratamientos médicos. Echémosles un vistazo.

SpamCop es el más conocido de los dos. Este servicio recibe tu spam y te facilita el envió de quejas a los administradores de las redes desde las que recibes los mensajes indeseados. El servicio tiene dos variantes, una gratuita y otra pagada. Para acceder a la primera debes registrarte. Inmediatamente SpamCop, te va a entregar una dirección única del tipo submit.xxxx@spam.spamcop.net a la cual reenviaras periódicamente tu spam. Luego debes configurar el mailhost. Es decir, debes entregar la dirección de correo en la que deseas reducir el correo basura. Listo eso, puedes comenzar a reportar tu spam.

Para realizar los reportes debes abrir tu cuenta de correo y reenviar los mensajes basura como archivo adjunto a la dirección que se te entregó. Yo sugiero utilizar un cliente de correo como Thunderbird. La razón es que te permite seleccionar todo los mensajes basura y reenviarlos en un sólo correo. Una vez realizado ese paso debes esperar unos minutos para que te llegué la respuesta de SpamCop: un mensaje con uno o varios enlaces. Al hacer clic en los vínculos se va a abrir un reporte, el cual puedes enviar como una especie de queja a los administradores de las redes involucradas.

Por experiencia personal puedo decir que SpamCop es efectivo, pero a largo plazo. Además, requiere tiempo. El servicio gratuito se demora en procesar el spam. Por si fuera poco cada vez que reenvías tu spam debes visitar el reporte final y enviar las quejas. En conclusión, si recibes mucho correo basura el proceso puede ser una verdadera lata. Ese era mi caso. Por lo mismo, hace tres semanas me puse en campaña para encontrar un servicio alternativo. Y lo encontré…

Se trata de Knujon, un servicio muy poco conocido. Y es que Knujon, a diferencia del desaparecido Blue Frog, sencillamente no se publicita. La lógica es la siguiente: si la compañía atrae la atención del público también atrae la atención de los spammers y eso puede ser un acta de muerte anticipada para el servicio. Claro, esta opción también genera un efecto negativo, la incredulidad. Cada persona que llega a Knujon se pregunta si el servicio es o no un engaño. De hecho, en mayo de este año el asunto generó un enorme debate en los foros de Castlecops, un conocido sitio dedicado a la privacidad y la seguridad online. Al final, Knujon logró demostrar que era un servicio real, con resultados efectivos, y Castlecops abrió un foro dedicado exclusivamente a Knujon.

¿Cómo funciona el servicio? Al igual que SpamCop, recibe el spam que tú reenvías. A diferencia de él, despacha los reportes a los administradores de las redes sin requerir la intervención del usuario. Además, cuando lo considera apropiado, informa a las autoridades sobre el accionar de los delincuentes.

Para participar hay dos modalidades. Sin y con inscripción. En la primera uno sencillamente reenvía su spam a la dirección yourjunk@knujon.com. El problema de esta modalidad es que muchos mensajes rebotan y son identificados como virus por los filtros de Knujon. Si deseas evitar esos inconvenientes debes optar por la segunda modalidad, actualmente gratuita (y debería permanecer así mientras el servicio se encuentre en estado beta o de pruebas). Tras inscribirte, Knujon te envía un mensaje con la dirección de correo a la que debes reenviar tu spam. Y luego lo único que hay que hacer es eso, reenviar los mensajes basura. Nada más. Cada semana Knujon te va a presentar un reporte con tu actividad y resultados.

Y ahora… la pregunta del millón: ¿realmente funciona o es una pérdida de tiempo? El sitio señala que ha logrado terminar con las actividades de más de 6000 sitios dedicados al envío de correo basura. Además, los comentarios de distintos usuarios señalan que los resultados son efectivos reduciendo notoriamente o eliminando el spam. Personalmente debo decir que en las últimas tres semanas el spam que llega a mi cuenta disminuyó, pasando de 35 mensajes a 8 o 10. Esto puede deberse tanto a una reducción de la actividad de los spammers como al accionar de Knujon, no obstante hay una clara tendencia a la baja. En conclusión, vale la pena hacer la prueba.

Claro, Knujon y Spamcop no son los únicos servicios para reportar correo basura. También existe Tattlemail, un servicio pagado cuya cuota mensual tiene el valor de US$1. Por si fuera poco, los usuarios del desaparecido Blue Frog están actualmente desarrollando a su sucesor, el proyecto Okopipi, un sistema descentralizado que se basará en redes P2P.

Links: SpamCop, Knujon

¿Dónde están hablando de Knujon?: Castlecops, Okopipi, okopipi-discuss

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Toy Matters: Animación de la buena

Son peludos, son tiernos aunque no precisamente inocentes. Su vida… bueno tiene sobresaltos. Pobres, y pensar que nos desternillamos de la risa con sus desgracias. ¿Happy Three Friends?. No, no. Es Toy Matters, una serie animada de factoría hispana basada en las aventuras y desventuras de un grupo de peluches. Su plataforma es Internet y su público objetivo cualquier adulto con ganas entretenerse frente a su equipo.

Claramente inspirado en Happy Three Friends, Toy Matters tiene suficientes méritos para arrebatar la atención. De partida la calidad de sus dibujos es excelente. Un 10 de 10. El sonido, anda por las mismas. Y la verdad, no podría de ser de otra manera. De acuerdo a Alejandro Cervantes, director artístico de Hampa Studio (la empresa detrás de la serie), la elaboración de cada capítulo está compuesta por una enorme cantidad de pasos: Se inicia con un story board, se dibujan a mano los cuadros, se pasan a Illustrator, luego a la línea de tiempo de Flash, se compone toda la secuencia con After Effects, se agregan efectos con ParticleIllusion, se monta todo en Premiere… guau y eso que no he contado como se elabora y agrega el sonido. En definitiva, crear el relato puede ser lo más sencillo. Pero no crean que los hispanos fallan en ello. No señor, las historias logran su finalidad: carcajadas por montón.

¿Diferencias entre Toy Matters y Happy Three Friends? En Toy Matters no hay sangre. Y no la puede haber, son peluches. Tampoco se muestran las desgracias, solo se presentan los resultados. Por otro lado, los personajes no son tan inocentes. Es cosa de fijarse Vicente, un travieso peluche a 100 que es capaz de hacer cualquier cosa por divertirse.

A continuación les dejo una pequeña muestra, cortesía de Youtube. Ojo que la calidad de este video no se compara a aquella de los cortos que hay la página de Toy Matters.

Links: Toy Matters, Hampa Studio

sábado, julio 30, 2005

Conclusión

El siguiente gobierno que comience su trabajo a partir de enero de 2006, tendrá sin duda una agenda económica, política y social muy importante que encarar. Muchos conflictos sociales están en pausa esperando respuestas del gobierno, y otros nacerán si no se plantean soluciones de corto plazo.

Es improbable que el próximo mandato resuelva en tan sólo un año problemas que se arrastran de toda una historia. Pero al menos, se puede avanzar y dejar las bases sentadas para que en los periodos siguientes se logren acuerdos y cambios sustanciales que permitan al país desarrollarse con normalidad y de forma pacífica.

Problemas estructurales como: la imagen país y las condiciones que se deben generar para atraer nuevamente capitales extranjeros; el fortalecimiento de las instituciones, que logre también un aumento de la credibilidad y la confianza del pueblo en las autoridades; y una visión de país que contemple la diversidad étnico-cultural debieran ser tareas prioritarias para quien suceda a Rodríguez en el sillón presidencial.

Situación de los medios de comunicación en Bolivia

Los medios de comunicación en Bolivia constituyen un factor importantísimo a la hora de analizar el contexto social. Según la BBC de Londres, “los periodistas bolivianos se encuentran limitados por estrictas leyes sobre difamación y calumnias, que pueden castigar a quien las viole con un máximo de tres años de prisión, lo cual afecta la transparencia y la libertad de expresión. Por eso, los periodistas ejercen un alto grado de autocensura.” Para la cruceña Ana Lía Mancilla, “los reporteros que han investigado casos de corrupción, han recibido intimidaciones verbales por parte de funcionarios del gobierno, detención arbitraria y asaltos violentos, aunque estos últimos no son tan comunes.”


Opinión diametralmente opuesta es la que tiene el cónsul Camarlinghi sobre la situación de los medios en su país: “Bolivia es uno de los países más democráticos del mundo, donde todos tienen derecho a opinar y decir lo que quieran. El pueblo y el periodismo tienen todas las facultades para criticar e investigar como en cualquier nación democrática.”

Si la libertad de expresión está coartada por las autoridades, difícilmente los medios podrán representar el sentir popular. Más aún, el variado universo étnico boliviano no tiene espacios para opinar o manifestarse de forma democrática si la información es manipulada y existen obstáculos para la labor periodística.



Esto contribuiría con el alejamiento entre las élites de poder y la población, ya que ésta última perdería la confianza en sus representantes, algo que ocurre cuando no hay transparencia en las acciones y la información es escasa, además de ser censurada.

Es importante mencionar que los dueños de los medios masivos militan o son simpatizantes de la actual “megacoalición” política, lo cual representa una traba para las libertades de prensa y expresión. El sitio de internet “Pulso”,publica lo siguiente “parece que los directores han preferido pasar las denuncias a páginas interiores. Editoriales y comentarios comienzan a cuestionar, y el tono de los titulares ha bajado. El control social desde la prensa tiene un límite”.

Los medios más importantes de Bolivia son: en televisión, los canales ATB, Canal Sur, Bolivisión, Red PAT, Red Uno y UNITEL; en prensa escrita los periódicos La Razón, El Diario, El Deber y El País; y en radio, las emisoras Coral, Árbol, Panamericana, Fides y FM La Paz.

Contexto Económico

La recién promulgada Ley de Hidrocarburos es sólo un reflejo de un país que intenta desesperadamente salir de una situación caótica. En este sentido, las cifras macroeconómicas de Bolivia son elocuentes. La crisis caló profundo en las distintas actividades del país, resintiéndose aún más su precaria economía.

El mandato, aumentará las ganancias del fisco de 200 a 600 millones de dólares, por la explotación de gas y petróleo, lo cual representa un ítem trascendental en un país que sumó un PIB de tan sólo USD 8 mil 758 millones en 2004.

No obstante, la nueva normativa no parece cambiar sustancialmente el escenario. La generación de empleo por la explotación de este recurso es muy baja y la historia del país demuestra que la razón de la crisis sólo encuentra una variable en la economía, mas no una determinante. A pesar de esto, quienes piden la nacionalización recuerdan amargas experiencias anteriores, cuando los vastos recursos generados por la plata y el estaño quedaron en manos de extranjeros y de unos pocos bolivianos privilegiados.

El problema es que una nacionalización puede detener el flujo de inversión extranjera y el conocimiento necesario para explotar las reservas de gas del país.
Lo anteriormente expuesto, conduciría a un desaprovechamiento del recurso y, por ende, a pérdidas millonarias al país. Un factor de suma importancia en la economía altiplánica es que sólo subsiste de materias primas. La nula producción de tecnología; la dependencia de gran parte de la población agrícola del cultivo de hoja de coca, del contrabando y del comercio ilegal; y el escaso nivel de industrialización del país, hacen que Bolivia vea una salida exclusiva a su difícil situación en los hidrocarburos.



Las plantaciones cocaleras son uno de los principales escollos que debe sortear la política económica boliviana. Para poder erradicarlas, el gobierno debe entregar una opción válida a los agricultores, quienes viven de esta actividad, aunque muchas veces lo nieguen, ya que es difícil convencerlos de cambiar su fuente de ingreso, si ésta les reporta ganancias superiores a cualquier otra variable agrícola y les asegura una demanda del producto.

“La mayoría de los agricultores dicen que viven de sus huertos y no aceptan la agricultura cocalera, pero en realidad casi todos subsisten de este negocio y sólo mantienen una porción de sus tierras con otros productos como pantalla ante las autoridades”, aventuró la consultora al respecto.

Otro aspecto fundamental que deberá resolver el gobierno es la falta de credibilidad y confianza de los inversionistas extranjeros en el sistema económico altiplánico. Debido a la crisis, el país está calificado como B3 (muy riesgoso) por Moody’s (calificador de riesgo) y hace peligrar la entrada de dinero fresco que podría mejorar los números de la economía. La agencia calificadora Fitch Rating también advirtió que si se deteriora el ambiente social y político afectando la capacidad para pagar la deuda puede darse un nuevo descenso de los indicadores de confiabilidad.

El presidente Rodríguez, prevé que para revertir estos indicadores Bolivia necesitará –al menos– cinco años, durante los cuales se puede recuperar su credibilidad, abrir el mercado externo y ganarse la confianza nuevamente de los inversionistas extranjeros.

La inversión extranjera es importante porque Bolivia no tiene ahorro interno para generar inversiones en proyectos productivos o económicos. Además, ese dinero sólo llegará al país cuando se respetan las reglas del juego y exista estabilidad política y social. Sin inversión extranjera y privada nacional será muy difícil luchar contra la pobreza y frenar el desempleo.

Cabe recordar que Bolivia tiene un déficit fiscal de 5,7% del PIB y una caída de 41% en la inversión extranjera en el período 2003-2004. El país creció un 3,58% en el periodo 2003-2004, lo que había hecho esperanzar a los optimistas quienes daban nuevos pronósticos. Pero ese mismo año, según el informe del Índice de Desarrollo Humano (IDH) en el mundo, Bolivia permanecía en el puesto número 114 de 176 países, mostrando una mejora de sólo centésimas en sus índices respecto al estudio anterior.

Según el estudio, el problema boliviano se acentúa si se mira más al interior de su organización. Por ejemplo, los municipios ofrecen resultados más desalentadores, puesto que los niveles de pobreza y desigualdad han aumentado radicalmente.



La tasa de desempleo abierto en el área urbana se estimó en 8,7% para 2004; medio punto porcentual por debajo de la registrada en 2003, debido al repunte del crecimiento en la actividad de la manufactura. Sin embargo, los empleos fueron creados principalmente en el sector informal. La incidencia de pobreza en el 2004 se estima en 63,6% de la población, apenas inferior a la de 2003 (64,1%). Empero, el número de pobres sigue creciendo a un ritmo acelerado de 85 mil personas por año.

Otros indicadores que cada día se tornan más relevantes al momento de evaluar un país son, por ejemplo, la penetración de usuarios de Internet, que en Bolivia alcanza un 2,17%. También tiene una penetración de celulares de un 9%

La falta de salida al mar es, quizás el tema que más enciende los ánimos en Bolivia. A pesar de no ser la causa principal de las constantes crisis, esta materia se convierte en un catalizador para los líderes populistas de los indígenas e, incluso, para el gobierno. “Hacen creer a la gente que todo se solucionará con el acceso al mar, pero los problemas del país tienen otra génesis. Aunque tuviéramos océano, estaríamos con los mismos problemas, porque la crisis pasa por el centralismo paceño y la mala distribución de las arcas fiscales, además de la corrupción y el mercado negro”, propuso Ana Lía Mancilla al respecto.

La utilización del discurso marítimo, por parte de las autoridades, con fines eleccionarios, intentando muchas veces canalizar el odio hacia Chile y convertirlo en factor de unión, es una demostración clara de las estrategias que debe usar el poder político boliviano –por la ya mencionada debilidad de sus instituciones- para lograr hegemonizar a la población y orientarlas hacia un objetivo común.



Caudillos populares como Evo Morales, Felipe Quispe y Abel Mamani, han logrado cierta notoriedad y cobertura de los medios, en gran medida gracias a su discurso “antichileno”. Para éstos, nuestro país representa la piedra de tope en sus anhelos progresistas y sentencian que el enclaustramiento que heredaron de la guerra del pacífico hace más de 125 años les ha ocasionado atraso y subdesarrollo.
Por otra parte, la ausencia de costa ha sido utilizada por las autoridades para desviar la atención del pueblo de los verdaderos problemas que sufre Bolivia. Al respecto, Carlos Mesa mantuvo un discurso confrontacional durante su mandato y llevó la problemática hasta instancias como la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) con el claro objetivo de imponer el debate sobre el tema en su país y relegar otras materias a un segundo plano.

Para el Cónsul Camarlinghi el tema de la mediterraneidad es relativo, pues si bien tiene una importancia en las cifras macroeconómicas, ya que según sostuvo, “Bolivia deja de percibir 2,5% de su PIB cada año, por la falta de mar” de acuerdo con un estudio de la Universidad de Oxford; por otra parte, el diplomático indica que “no es un factor preponderante en materia de la desigualdad de clases y distribución del ingreso, pues una de las principales causas de la situación económica actual es el desperdicio de las ganancias obtenidas por la minería en décadas pasadas.”

Agregó que “este impacto sobre la economía, por la carencia de una salida soberana al mar, fue mayor en la zona occidental de Bolivia, pues allí se sintió con fuerza, debido a que ese es el sector que colinda con la ex costa del país vecino.”

Al contrario, la visión de algunos bolivianos es que Chile ha sido fundamental en la historia del país, como causante del atraso cultural y del subdesarrollo económico, algo que comenzó a gestarse luego de la guerra entre los australes y la Confederación Perú- boliviana en 1879 y los tratados limítrofes posteriores. Al respecto, Nelson Castillo –boliviano oriundo de Cochabamba radicado en Chile- sentenció: “para mi país es muy importante la salida al mar, ya que las mercaderías que son exportadas por puertos chilenos, sufren un tratamiento negligente de parte de los funcionarios aduaneros, por ejemplo, la soya debe embarcarse con prontitud hacia el extranjero, sin embargo, debido a la demora en las tramitaciones los pájaros se la comen y llega en malas condiciones a destino.”

Una posición bastante cercana es la que presenta Evo Morales, líder cocalero, quien ve en la mediterraneidad “la causa de nuestros problemas, Chile es el traidor y la nación imperialista de América Latina. Con un acceso soberano al mar, el país aumentaría en un 100% sus posibilidades de desarrollarse y proyectarse. Yo sé que el pueblo de Chile nos apoya, hay encuestas que dicen que más del 50% de los chilenos quiere ceder una porción de costa a Bolivia.”

El gas natural que Bolivia exporta a Brasil, constituye la principal fuente de ingresos para las arcas del tesoro general de la nación dado que en la actualidad se están mandando entre 20 y 30 millones de metros cúbicos diarios al país vecino. Pero este ingreso se ha visto mermado debido al incumplimiento del contrato establecido por parte de ambas naciones. Cabe recordar que Brasil depende en gran medida del recurso gasífero para la producción industrial, por lo que se ve afectado de sobremanera con la nueva Ley de Hidrocarburos. Es por eso, que a la presión ejercida por EE.UU. se suma la de los brasileños, quienes ven en la nacionalización del gas un problema mayor para su abastecimiento energético.

Contexto sociocultural

Otro factor de desequilibrio es que los indígenas no se han sometido a los gobiernos de turno, quizás porque no se sienten representados por las minorías hegemónicas blancas y, conscientes de su situación mayoritaria, se organizan y movilizan en razón de sus demandas.


Las etnias indígenas como quechuas, aymaras, guaraníes y otras minoritarias “nunca se han sentido parte de la nación boliviana”, según el cónsul Camarlinghi. Existe en ellas un profundo sentimiento de impotencia al ver que durante años, han sido sus antepasados y familiares quienes han efectuado la explotación física de los recursos minerales, recibiendo a cambio un salario exiguo y quedando enormes ganancias en las arcas fiscales o bien en capitales extranjeros.



Las relaciones entre las diversas etnias se ven afectadas por el problema de la doble contingencia , pues no se ha logrado un entendimiento histórico entre las dos partes involucradas en este sistema.

Es sabido que, para el surgimiento de un sistema organizacional dentro de una sociedad, lograr la complementariedad de expectativas es una condición necesaria para que las relaciones interpersonales y la comunicación se den con mayor fluidez. Las diferencias que se suscitan en varios ámbitos, tales como idiomas, costumbres, educación; discrepancias económico-culturales, donde se ven muy marcadas las clases sociales (y por ende, se visualiza una estigmatización entre los estratos) generan un clima de entropía.

Como consecuencia de lo anterior, surge una fuerte discriminación entre ambos sectores, donde la élite se percibe a si misma en un plano de superioridad frente a los indígenas y, por tanto, repercute en todo ámbito, conformándose una relación de poder vertical donde se ejerce una dominación subyacente.

Para Ana Lía Mansilla, “la ciudad de La Paz concentra demasiado poder y control sobre los demás departamentos, los cuales deben someterse a los dictámenes del gobierno central, que muchas veces ignora total o parcialmente los intereses y realidades locales.” Un ejemplo claro, en este sentido, fue “la elaboración del plan de transporte público para Santa Cruz por parte de un ingeniero paceño quien diseñó el trazado de las rutas desde su oficina en La Paz, apoyándose en un plano que ya tenía, al menos, diez años de antigüedad.” El resultado fue desastroso, “pues muchas calles habían cambiado de sentido, o bien ya no existían, por lo que el proyecto colapsó desde el primer día”, expuso la cruceña.

Un elemento clave para un cambio de paradigma en la relación intercultural es la apertura de una cultura hacia la otra y viceversa. Mientras el actuar de quienes ostentan el poder continúe siendo homogeneizante hacia los otros, considerándolos como subalternos a quienes alienar y “modernizar”, las culturas no podrán llegar a un entendimiento cabal de las distintas necesidades. Por tanto, el conocimiento de éstas en el contexto de una nación común, adquiere valiosa importancia.

Es necesario reconocer a aquellos ciudadanos, comprender su cultura política- que han forjado a través de años-, indagar sobre lo transitado para, desde ahí, construir propuestas participativas, educativas y de diálogo. Se debe investigar respecto de los conflictos en la elaboración de una nación, para adecuar los métodos de trabajo y la educación ciudadana.

El sistema educacional boliviano es mixto, es decir, público y privado. A pesar de que el número de matriculados en los niveles primario, secundario y superior ha ido en aumento en el sistema público en los últimos años, el analfabetismo continúa siendo un importante factor de inequidad en Bolivia. Esto, es una consecuencia estructural de la pobreza y de la falta de continuidad en la aplicación de programas de alfabetización de adultos y niños, así como de los modelos de desarrollo económico, que han favorecido las industrias urbanas sobre las políticas de desarrollo del campo.



El porcentaje de analfabetismo del país alcanza un preocupante número: 13,28%, según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) de Bolivia. Esta cifra constituye una consecuencia de la acción homogeneizante de la alfabetización en castellano y el descuido de las lenguas originarias. Esta situación se descubre, particularmente, agudizada en dos categorías de personas: las que habitan en el área rural, y las mujeres.

El analfabetismo es un problema permanente que ha sido enfrentado erróneamente por las autoridades y, por ello, aún subsiste, sin mayores esperanzas de ser erradicado. La débil institucionalidad, manifestada en la falta de credibilidad en los líderes, por parte de la población marginada, también es causal de este flagelo, ya que al no existir programas acordes con la diversidad cultural no se logra satisfacer las expectativas de cada minoría, sino más bien se busca el progreso educacional de forma arbitraria, imponiendo un programa único sin considerar las particularidades de cada grupo.

El hecho de implantar la educación en castellano para hablantes de lenguas como el aymará, quechua o guaraní, genera una desventaja para éstos, respecto de quienes tienen al español como idioma nativo. El lenguaje, por tanto, se transforma en un obstáculo y no en un vehículo de unidad para la comunión intercultural. Esto se traduce en que, para poder acceder al sistema educacional e insertarse socialmente, los miembros de las diversas etnias deben despojarse de ciertos elementos propios de su origen y se ven forzados a adoptar costumbres ajenas y, en consecuencia, una nueva cultura.

Debido a la evidente diferencia entre el racionalismo convencional y el concepto de vida nativa, es importante saber qué opciones puede desarrollar la comunidad andina, sin perder su identidad. Una de las formas de expresarla es a través de los lenguajes nativos. No debemos olvidar que existen aspectos simbólicos de los lenguajes, tales como la mitología popular.

Es importante destacar que, a pesar de ser mayoría, los indígenas han sido obligados, históricamente, por una oligarquía, a integrar elementos extraños a su idiosincrasia en su vida diaria. Según Néstor García Canclini, estas características son propias de una cultura híbrida, puesto que se mezclan factores que hacen que la identidad cultural de las personas sea una cuestión difícil de acotar en vista de la gama de posibilidades existentes.

“Los derechos y obligaciones que todo ciudadano requiere forman parte de una ligazón con la ciudad, el país y el mundo, que pasa por sentirse y comportarse como parte fundamental de la sociedad, mereciendo respetos y generando responsabilidades.” Ésta es una de las características de la organización social boliviana; los indígenas son mayoría, pero no tienen un vínculo con la ciudad, el Estado o la nación, puesto que las decisiones son de una minoría, no perciben ganancias acordes a sus labores y pertenecen a culturas diferentes.

Esto último, reafirma el concepto de la fragilidad institucional; los altiplánicos no se identifican con los entes gubernamentales ni con la clase dominante, más bien se sienten marginados por éstos y relegados a la periferia social.

“Sería injusto echarle la culpa a los pueblos indígenas por los problemas que se generan debido al choque intercultural. En general, éstos tienen origen en la débil institucionalidad que existe en el país, donde los gobiernos locales carecen de recursos y de credibilidad, lo cual los hace muy frágiles frente a una movilización popular”, acotó Ximena Montenegro, consultora internacional.

En la visión del mundo andino, según una investigación de la Universidad de Cochabamba, lo humano, lo natural y lo espiritual son inseparables; se hallan en una interacción dinámica constante. La noción que la gente tiene que relacionarse tanto con el mundo natural como el espiritual, implica que no sólo deben desarrollar un conocimiento y habilidades para sobrevivir materialmente, sino que también, deben relacionarse con el mundo interior. El ritual es entendido como una actividad espiritual, llevada a cabo por los humanos para crear las condiciones apropiadas para un evento material o social dado que lo que se desea ocurra. Por lo tanto, los rituales son efectuados para todas las actividades sociales y productivas importantes. Por ejemplo, al momento que los campesinos logran las condiciones físicas adecuadas para el crecimiento de las plantas (al arar), invocan a la Pachamama, a través de un ritual, que contribuya a esto creando condiciones naturales y espirituales óptimas.

Una nueva tecnología sólo puede ser incorporada si existe un equilibrio entre los tres componentes de la cosmovisión: naturaleza, espíritu y sociedad. Los rituales son el núcleo tanto de la religión como de la cultura andina; especialmente, aquellos relacionados a la agricultura. Debido a que los habitantes de las comunidades andinas han sido, y aún hoy, son predominantemente agricultores, su religiosidad ha evolucionado a partir de las experiencias agrícolas.

Esto pone un énfasis especial en la relación de la sociedad y la naturaleza en un espacio-tiempo dado y propone, como resultado final, un calendario ritual; que de hecho, es un calendario agrícola. Éste les permite sincronizar las prácticas productivas con los ritmos y ciclos del cosmos. La colonización europea y cristiana no pudieron cambiar esto: las comunidades eligieron aceptar aquellas festividades católicas que coincidían o se festejan muy cerca a los eventos nativos más importantes, pero les dieron otro significado.

Coexisten dos sistemas diferentes dentro del sistema de organización de las comunidades: la organización ancestral, precolonial, y una organización sindical, resultado de la Reforma Agraria de 1952. Actualmente, la incompatibilidad de ambos sistemas, que se basan en dos cosmovisiones muy diferentes, se hace cada vez más evidente. Esta incompatibilidad ha originado varios conflictos y dudas acerca del futuro del sistema social.

Actores de la crisis

Los habitantes de El Alto

Los indígenas de esta ciudad participaron activamente en las manifestaciones. Fueron el mayor grupo de disidentes en los últimos sucesos y quienes bloquearon carreteras en forma reiterada. Éstos provienen de la extensa zona empobrecida conocida como El Alto, una meseta cercana a La Paz.



Su población alcanza a las 750.000 personas y está formada, en gran parte, por los aymaras que huyen de la miseria en las zonas rurales. Han creado comités zonales que son una fuerza de organización clave y generadora de un fuerte sentido comunitario. Su líder es Abel Mamani.

Las manifestaciones de los habitantes de El Alto jugaron un papel fundamental en la renuncia del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada en octubre de 2003. Se opusieron a la distribución de agua por parte de empresas francesas y apoyaron la nacionalización de los hidrocarburos, el fin de la economía de mercado y el otorgamiento de mayores derechos para los pueblos indígenas.


Evo Morales y los cocaleros de Chapare

Evo Morales es un indígena aymará que cobró notoriedad como el líder de la unión de cocaleros en la región del Chapare, en el centro de Bolivia. Su partido, Movimiento al Socialismo (MAS), fue el segundo más votado en las elecciones de 2002 resultando electo como diputado. Se opone con dureza a cualquier intervención de EE.UU. en el país, en particular en lo que tiene que ver con la erradicación de las plantaciones de hoja de coca.



Morales ha estrechado fuertes vínculos con el presidente Hugo Chávez de Venezuela, otro motivo por el cual no es muy popular en el país del norte. Se le considera un dirigente menos radical y más flexible que otros líderes indígenas. Sin embargo, recientemente, expresó su apoyo a la nacionalización de los hidrocarburos, algo que consideraba "no negociable" hasta hace un tiempo atrás.


Felipe Quispe y los campesinos

Quispe es un aymará radical y líder campesino del altiplano. Cree en la formación de un Estado aymará independiente y ataca sin pausa a la élite blanca de Bolivia. Adquirió popularidad en 1998, cuando se convirtió en jefe de la poderosa federación campesina, denominada Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB).



Su partido, el Movimiento Indigenista Pachakuti (MIP), obtuvo seis escaños en las elecciones de 2002, pero Quispe renunció para regresar a la militancia de base.

Su retórica radical atrajo el apoyo de los aymaras deseosos de impulsar los derechos indígenas, particularmente sobre la tierra. Pero Quispe, apodado el “Cóndor” o “Mallku” (en lengua aymará), no es considerado una figura clave en las protestas actuales.


Los Mineros

Históricamente, los mineros bolivianos han sido uno de los grupos más militantes dentro del sindicalismo latinoamericano y conforman la columna vertebral de la poderosa Confederación Obrera (COB).



Perdieron militantes y, por ende, poder, cuando 25 mil mineros se quedaron sin empleo a mediados de los años ochenta, debido al bajo precio mundial del estaño. Muchos de ellos se volcaron a otras actividades, como a la siembra de coca o bien al trabajo en minas precarias como parte de diversas cooperativas.

Se mostraron muy activos en la reciente lucha por las pensiones y en las protestas recientes mantuvieron viva la tradición boliviana de detonar dinamita durante las marchas.


Manifestantes de Cochabamba

Cochabamba es la cuarta ciudad en términos de importancia de Bolivia, detrás de La Paz, Santa Cruz y El Alto. Las protestas en esta localidad cobraron notoriedad cuando en el año 2000, lograron que el gobierno diera marcha atrás en una propuesta de venta del suministro de agua a la empresa estadounidense Bechtel. Fue una de las primeras manifestaciones exitosas contra el modelo de economía de libre mercado.



El líder de las marchas de Cochabamba era Óscar Olivera, que hoy es uno de los dirigentes del movimiento que vela por la nacionalización del gas.

Los accesos a Cochabamba fueron bloqueados por protestas en favor de la nacionalización y la conformación de una Asamblea Constituyente.

Indígenas y campesinos de Santa Cruz

Los indígenas de las tierras bajas del departamento de Santa Cruz conforman un conglomerado que tiene sus orígenes a partir de grupos emigrados desde otras partes del país, en conjunto con las etnias locales: guaraníes, ayoreos, chiquitanos y guarayos.

Ellos se han visto involucrados en luchas por la tierra ante la expansión de la forestación, la proliferación de los cultivos de soya y el crecimiento de la ganadería.



La principal organización indígena es la Confederación de Pueblos Indígenas del Oriente de Bolivia (CIDOB), pero también hay integrantes del radical Movimiento de los Sin Tierra (MST), similar a su homónimo en Brasil, que ha ocupado tierras en la última década.

En las disputas actuales varios grupos guaraníes tomaron instalaciones petroleras de la compañía española Repsol y la británica BP, provocando un alto en la producción del crudo.


La élite de Santa Cruz

Muchos cruceños prefieren autodenominarse "cambas", en contraste con los "collas" del altiplano, con el fin de diferenciarse de éstos últimos. Sus demandas por una mayor autonomía se radicalizaron en los últimos meses, en parte, ante la fuerza de la protesta campesina y el riesgo de una nacionalización de los recursos naturales.


Bandera independentista de Santa Cruz

Sostienen que, como parte del sector más próspero de la economía boliviana, deben tener buena parte de los futuros beneficios del gas natural, que se encuentra en su territorio. Tal como señala la cruceña Ana Lía Mancilla, “Santa Cruz es el motor de la economía boliviana y a pesar de que su población se ha incrementado en los últimos años, no nos quieren dar mayor representatividad en el congreso”.

Detrás del Comité Pro Santa Cruz existen organizaciones empresariales y agroindustriales y, asimismo, la región planea un referéndum sobre la autonomía para agosto, independiente de contar con o sin la aprobación del gobierno nacional.

Fuente: BBC

martes, julio 19, 2005

Contexto Político

La historia política de Bolivia está marcada por una constante pugna. En los últimos tres años, un igual número de mandatarios han ostentado el poder: Gonzalo Sánchez de Lozada duró sólo 14 meses, mientras que Carlos Mesa alcanzó a estar 20 meses en el sillón presidencial y, actualmente, Eduardo Rodríguez ocupa el puesto. Este último, según la Constitución, está obligado a convocar elecciones adelantadas en un plazo de 150 días, a partir de su designación, para votar al próximo jefe de Estado.



El quiebre interno es un constante flagelo en Bolivia. Ya en el siglo XVII, hubo una crisis minera que desató una guerra entre los españoles y la población indígena. También la Independencia, en 1825, estuvo marcada por el desabastecimiento y una fuerte recesión económica. El periodo entre 1841 y 1880 se caracterizó por la crisis del Estado ante la falta de recursos gubernamentales y de inversiones, derivada entre otras cosas, por el hecho de que entre 1879 y 1884, Bolivia intervino junto al Perú en la guerra del Pacífico contra Chile, perdiendo su territorio costero y parte de sus yacimientos minerales.

No es menor el hecho de que el nivel educacional del país era bajísimo; sólo las élites minoritarias accedían a una preparación escolar o bien a una instrucción militar superior, lo cual contribuía para que la institucionalidad fuera débil e inestable.

A principios del siglo XX, ocurrieron dos acontecimientos sociales de gran envergadura: el primero, sucedió cuando transcurría la segunda década donde se vieron envueltos nuevamente indígenas, mestizos y obreros contra las élites que sacaban el mayor provecho del progreso económico que proporcionaba la explotación de plata y estaño. El segundo ocurrió una década más tarde; tuvo lugar en la frontera con Paraguay y fue resultado de la disputa por el control del río Paraguay y de los yacimientos petrolíferos entre Standard Oil de Nueva Jersey- que apoyaba las pretensiones bolivianas- y Royal Dutch Shell, instalada en el Paraguay: era la guerra del Chaco, la que marcó un giro en la historia económica del país. La gran depresión y el conflicto subsiguiente con el país vecino, puso fin a la expansión e incluso a la capitalización de la industria minera.



En 1952, producto de una profunda desigualdad económica y social, estalló la Revolución Nacional, impulsada por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR). Como resultado de ésta, los dirigentes del Movimiento se encontraron con el control político absoluto del país y entraron en disputas militares con los campesinos.

Luego, el MNR reorganizó sus fuerzas con el fin de consolidar su propia base, uniéndose plenamente a los mineros, que crearon una nueva federación nacional obrera, la Central Obrera Boliviana (COB) que en los últimos días de abril terminó nombrando tres ministros obreros para el nuevo gobierno, quienes después nacionalizaron sin indemnización a la minería, y tomaron medidas como la liquidación del ejército y un decreto de Reforma Agraria que aboliera el sistema latifundista.

A mediados del año 1952 y primera mitad del año 1953, la sociedad rural comenzó a derrumbarse. Se creó una comisión de la Reforma Agraria en que las tierras pasaban a manos de los obreros indígenas. Poco a poco, éstos fueron ocupando todos los territorios, con excepción de Santa Cruz, que no era muy poblada. Así, las propiedades cayeron bajo manos de campesinos. También, gracias a la COB se organizaron los aymaras y luego los quechuas, quienes construyeron centros de salud y educación para sí.

Según expresa el cónsul de Bolivia en Chile, Iván Camarlinghi, la Revolución de 1952 “no logró concebir una estrategia sólida y largoplacista para planear la economía. Los recursos naturales no lograron generar ingresos para el país y para el pueblo, más bien el provecho lo obtuvo una oligarquía”.

A pesar de que la izquierda iba creciendo y el poder campesino aumentando, la institucionalidad entró en decadencia: el falangista Oscar Unzaga entró en la escena política del momento, puesto que, el MNR iba perdiendo poder. Unzaga se negó a una revolución socialista y trató al mismo tiempo de atraer nuevos capitales extranjeros para proteger la propiedad privada guardando la zona de Santa Cruz.

En este período, EE.UU. ayudó para que hubiese un desarrollo en el país, aunque Bolivia, por supuesto, tuvo que ceder ante los deseos de la potencia, satisfaciendo sus deseos económicos privatizadores para no entrar en conflicto.
Esto acentuó las pugnas entre el presidente Víctor Paz Estenssoro y la Falange, las que terminaron con una intervención militar en noviembre de 1964, luego de la reelección de Paz Estenssoro, dejando al gobierno en manos de una junta encabezada por el vicepresidente Barrientos.

Por un lado, el recién asumido gobernante reprimió a los grupos obreros y de izquierda, pero por otro, alentó activamente a la nueva élite económica que surgía en los sectores mineros urbanos. En noviembre de 1966, el guerrillero Ernesto ‘Che’ Guevara llegó a Bolivia, e instaló su campamento en Santa Cruz. Sin embargo, él parecía más interesado en montar su cuartel paramilitar en función de operar en Argentina y Brasil, más que en Bolivia misma.

Después en 1967, Barrientos se vio forzado a dejar el cargo, sucediéndolo el vicepresidente, Siles Salinas, quien al poco tiempo sería derrocado por el general Ovando, socio de Barrientos en el golpe del ‘64, el cual en octubre de 1969 nacionalizó la Gulf Oil Company de Bolivia.

Luego fue otro general, Juan José Torres, jefe del Estado Mayor quien destituyó a Ovando. Por su parte, Torres participó en la campaña bélica que acabó con la vida del ‘Che’, apoyó plenamente a los militares y amplió la "apertura democrática".

En enero de 1971, el coronel Hugo Bánzer Suárez, jefe del Colegio Militar, realizó un intento de golpe de Estado, pero esta vez los militares permanecieron leales al gobierno y el conspirador tuvo que salir al exilio. Por otra parte, se instaló la llamada asamblea del pueblo en junio del mismo año, a la cual se le asignó las funciones del antiguo parlamento. Posteriormente, en agosto cayó Torres, de modo que Bánzer fue promovido a la presidencia. Su gobierno adoptó una línea favorable al sector privado y prohibió las actividades de los partidos de izquierda. Además, se caracterizó por un notable crecimiento económico. Bánzer planteó una democratización gradual y la celebración de elecciones en 1978, pero en junio de ese año fue derrocado por el General Juan Pereda Asbún.

Después, durante el periodo entre 1978 y 1985, hubo una seguidilla de gobernantes provisorios, debido a la inestabilidad política y económica del país, entre los cuales figuran Padilla, Guevara, Natusch, Gueiler, García-Meza, Torrelio y Vildoso; interrumpidos por algunas juntas de gobierno transitorias en los años 1980, 1981 y 1982. Fue Hernán Siles Zuazo quien terminó dicha etapa de caos, y dio paso a un tiempo de orden, durante los mandatos de Víctor Paz Estensoro, Jaime Paz Zamora, Gonzalo Sánchez de Lozada y Hugo Bánzer Suárez.

Empero, el consenso y la paz no duraron mucho tiempo y en 2002, durante el gobierno de Jorge Quiroga, una nueva ola de crisis y, por tanto, de mandatarios, que aún no culmina, se desencadenó en el país y dio paso a los gobiernos de Gonzalo Sánchez de Lozada, Carlos Mesa y, actualmente, Eduardo Rodríguez quien asumió en forma interina para convocar a elecciones por lo que resta del período, hasta 2007.

Todo lo anteriormente expuesto, deja de manifiesto la inestabilidad que ha vivido Bolivia en su historia política reciente, en la que se observa un evidente caudillaje y la carencia de líderes responsables que dirijan al país en un escenario de seriedad y focalización para el logro del bien común.

Es fundamental tomar en cuenta la carencia de solidez en cuanto a la institucionalidad en Bolivia. Por una parte, la gran cantidad de partidos políticos habla de una multiplicidad de visiones, a veces irreconciliables y de objetivos muy diferentes entre muchos grupos de la población. Esto, sumado al accionar indiscriminado de las organizaciones no gubernamentales (ONG’s), las que a juicio de la consultora internacional, Ximena Montenegro, “ejercen mucho poder en el país. La gran mayoría de esas instituciones son europeas y buscan probar sus proyectos en Bolivia, porque es un espacio ideal para ellas; no están limitadas legalmente y la población no tiene mayor apego a las instituciones gubernamentales. Entonces, cualquier idea extranjera parece una solución real para el pueblo, incluso se dice que Evo Morales sería financiado, en parte, por una de estas ONG’s”.



La experta, apunta a que “los gobiernos locales casi no existen y la mayoría de los departamentos sienten una lejanía con el poder central. De ahí los sentimientos autonómicos de Santa Cruz, Tarija y, en su momento, de Cochabamba.”

Por estas razones, el gobierno no logra ejercer el poder de manera efectiva. La población no se identifica con las autoridades y existe una gama demasiado amplia de posiciones contrapuestas que no confluyen en objetivos concretos y satisfactorios para la totalidad de las partes. Todo lo contrario, se produce un fenómeno en que hay una fuerte pugna de poderes horizontales -algo repetitivo en la historia altiplánica- que impide una visión de país que atienda esa diversidad.

domingo, julio 17, 2005

Introducción

Este ensayo pretende identificar las variables que incidieron en la reciente crisis boliviana y analizar los distintos puntos de vista de sus actores, tanto de autoridades como ciudadanos comunes.

Nuestra visión recabada, luego de la investigación efectuada al respecto, es que el reciente conflicto que sufrió Bolivia obedece, principalmente, a la fragilidad de sus instituciones y a la profunda división que enfrentan las culturas que conviven en la nación altiplánica. Sobre este tema, ahondaremos para demostrar lo anteriormente planteado.

Para comenzar, debemos contextualizar la realidad existente en el país vecino. Es necesario comenzar apuntando que, a pesar de la enorme riqueza que posee, en cuanto a sus recursos naturales, Bolivia es el segundo país más pobre de América, sólo después de Haití.

La historia del país, es rica en matices y particularmente compleja, pues está marcada por una constante efervescencia político-social y por los reiterados quiebres de su institucionalidad.

El país altiplánico se encuentra en el corazón de Sudamérica y limita con Perú al oeste, Chile al suroeste, Argentina al sur, Paraguay al sureste y Brasil al nororiente. Se sitúa sobre una porción de la Cordillera de Los Andes, aunque la mayor parte de su territorio es amazónico. Debido a esta situación demográfica, es que carece de salida al mar y está dividido por el macizo montañoso, características que han repercutido en la diversidad, en cuanto a la idiosincrasia de sus habitantes se refiere.




Su población consta de aproximadamente 8,8 millones de personas, los cuales son mayoritariamente indígenas (75%, contando a los mestizos). A diferencia de otros países, donde existe sólo uno o dos idiomas predominantes, Bolivia tiene como condición particular la coexistencia de distintas lenguas; quechua, aymará y guaraní- entre las nativas más importantes-, pero su idioma oficial es el español. La capital administrativa es La Paz, sin embargo, la capital política se encuentra en Sucre.



Uno de sus principales ejes económicos es el cultivo de la hoja de coca, materia prima para la elaboración de cocaína, siendo Bolivia uno de los mayores productores de dicha hoja en el mundo. Los programas de erradicación de esta práctica, a cambio de ayuda condicionada por parte de otros países, entre estos EE.UU., han generado convulsión entre los campesinos más pobres del país, quienes perciben a través de la coca su única fuente de ingresos, para sustentar a sus familias.

El conflicto constante es una condición inherente a Bolivia. Este país posee una larga tradición de protestas políticas organizadas. Fue pionera en América del Sur al tener una revolución popular en 1952, la que nacionalizó las minas e instauró el sufragio universal.

La más reciente ola de protestas tiene sus raíces en el movimiento social iniciado en los años 90, provocado en buena parte por la falta de mejoras para la mayoría de la población empobrecida. (3.124.064 personas en extrema pobreza en 2002. Fuente: Instituto Nacional de Estadística de Bolivia).

A esto, hay que agregar que los recursos naturales que posee Bolivia han generado, históricamente, guerras, enfrentamientos internos, violencia y crisis políticas, en vez de progreso económico.

El ciclo de experiencias traumáticas con los hidrocarburos comenzó cuando en 1932 y 1935 el país se enfrentó con Paraguay en la guerra del Chaco, donde murieron 90.000 personas, mientras se disputaban territorios en los que supuestamente había abundantes recursos.

La primera nacionalización petrolera, en 1937 pagó una indemnización de USD 1.7 millones a la Standard Oil Company. La segunda fue en 1969 y la indemnización, esta vez a la Gulf Oil Company, la que costó USD 78 millones.

Según la Cámara de Hidrocarburos de Bolivia, la inversión de las empresas petroleras extranjeras ha sido de un promedio de USD 220 millones anuales desde 1996. Hasta esa fecha YPFB invertía sólo un promedio de USD 70 millones por año.

La reserva de gas natural boliviana es la segunda más grande de Sudamérica, después de Venezuela. Por esta razón, Repsol, British Gas y British Petroleum, en el año 2002, formaron un consorcio para exportar el combustible hacia EE.UU. y México. Para tal efecto, el gasoducto incluía la construcción de plantas licuadoras y de tuberías transportadoras en territorio chileno, además del uso de un puerto de Chile para los embarques. Junto con los bajos ingresos que perciben los bolivianos en esta industria, la enemistad entre ambos pueblos -debido a la guerra que los enfrentó- provocó que la iniciativa causara rechazo de parte de los sectores populares, los que se opusieron al proyecto.

Esta censura se contrapone con la visión de otras regiones del país, pues los intereses están divididos, puesto que los empresarios del oriente y sur de Bolivia se han opuesto al incremento de impuestos a las multinacionales y, a su vez, están a favor de la exportación del gas natural.

El debate sobre la nacionalización de la industria gasífera es clave en la situación actual de Bolivia. Quienes se muestran proclives, quieren que los recursos lleguen a los más pobres, ya que se trata de un potente nicho de riqueza de la nación; mientras los opositores plantean que la mejor forma de administrar el recurso es a través de la concesión a empresas privadas que generen empleo y paguen regalías, mientras explotan de manera más eficiente el gas que el Estado.